Este es un producto de la mente que surge a partir de la actividad racional del
intelecto o de las abstracciones de la imaginación. Es posible distinguir entre diversos tipos de
pensamiento, según la operación mental en cuestión. El pensamiento deductivo, el pensamiento inductivo, el pensamiento sistemático, el pensamiento
crítico y el pensamiento analítico son algunos de ellos.
Divergente, por su parte, es aquello que diverge (que discrepa,
discorda o se separa). El pensamiento divergente o pensamiento lateral, por lo tanto, consiste en la búsqueda de alternativas o posibilidades
creativas y diferentes para la resolución de un problema.
Se puede incluir al pensamiento divergente dentro del pensamiento creativo, relacionado más con la imaginación que con el
pensamiento lógico-racional. La noción fue acuñada por el psicólogo maltés Edward De
Bono, quien afirmó que el pensamiento divergente es una forma de
organizar los procesos de pensamiento a través de estrategias no ortodoxas. El
objetivo, pues, es generar ideas que escapen de los lineamientos del
pensamiento habitual.
Para De Bono, el
pensamiento lateral puede desarrollarse con el entrenamiento de técnicas que
ayuden a mirar un mismo objeto desde diferentes puntos de vista. El pensamiento divergente supone un motor de
cambio personal y social ya que aporta nuevas respuestas a problemas conocidos.
El psicólogo maltés reconoce tres grandes tipos de obstrucciones del
pensamiento: la falta de información, el bloqueo mental y el peso de
lo obvio. Este último caso, cuando lo obvio del problema impide advertir una
mejor opción, puede ser superado a través del pensamiento divergente.